Un estudio concluyó que impulsaron la tala rasa dentro de tres áreas de conservación en la región del Xingu, una de las mayores extensiones de bosque protegido del mundo, que abarca los estados de Pará y Mato Grosso.
El daño ambiental va más allá de la deforestación. Las operaciones de minería ilegal vierten mercurio en los ríos, contaminan las vías fluviales y se acumula en los peces consumidos por comunidades ribereñas e indígenas.
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