En un comunicado conjunto, el primer ministro británico, Keir Starmer, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, declararon su “consternación por los imprudentes ataques de Irán contra sus aliados, que amenazan a sus militares y ciudadanos en la región”.
Cuando se inició el ataque, la posición inicial de Francia fue considerar la operación como “ilegal y peligrosa”, llamando a que fuera “detenida inmediatamente”. Y Londres no permitió el uso de sus bases para los aviones norteamericanos.
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