En 1985, Sylvester Stallone era la personificación del héroe de acción estadounidense. Un G.I. Joe, pero de carne y hueso.
Después de conquistar al público como Rocky, Johnny Kovak y Rambo, parecía invencible.
Pero esta vez, su búsqueda incansable de realismo cruzó la línea: el impacto lo dejó con el corazón inflamado, presión arterial crítica y cuatro días en cuidados intensivos preguntándose si saldría vivo del hospital.
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