La trampa del chavismo es intentar patear hacia adelante la crisis apostando a un agotamiento de la protesta. Lo hace mientras pierde su ala de izquierda y se erosionan los apoyos internacionales. Lula da Silva presiona por una salida mientras este drama ya es tema doméstico en Brasil y ariete electoral del bolsonarismo.
Fraude en Venezuela: del juego de “correr la arruga” a la factura brasileña


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