Hay dos grandes cuestiones que deja en claro la impactante asunción del nuevo pontífice. La primera es que la Iglesia demuestra no estar tan dividida como se había señalado antes de iniciarse el Cónclave. La segunda, constata que la institución, por encima de sus tensiones internas, tiene claro el lugar que debe ocupar más allá de su compromiso espiritual.
La elección del papa León XIV: una Iglesia Católica ni tan dividida ni lejana de la realidad


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